¿Para qué sirve la literatura en la labor consular colombiana?
Palabras clave:
Literatura, diplomacia, lenguaje, labor consularResumen
Mucho se ha dicho sobre la diplomacia y la literatura. Normalmente se habla desde la visión romántica del oficio literario y su intersección con el oficio diplomático. Los ejemplos abundan: Rubén Darío, Vinicius de Moraes, Octavio Paz, Pablo Neruda, Jorge Edwards, Julio Ramón Ribeyro, Sergio Pitol, Abel Posse, Carlos Herrera, Ivo Andric, Saint-John Perse y un largo, largo etcétera de destacados diplomáticos literatos o literatos diplomáticos. También se habla de la literatura diplomática: la magnífica novela de Malcolm Lowry Bajo el volcán, El vicecónsul de Marguerite Duras, Bella del Señor de Albert Cohen, entre muchas otras. Sin embargo, más allá de esa intersección idílica entre la diplomacia y la literatura, poco se habla de la función esencial de la literatura en la labor diplomática y, mucho menos, en la labor consular. En cuanto a la labor diplomática, el caso es evidente. El empleo del lenguaje es la esencia misma del diplomático. En esto no se diferencia del escritor.
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